Siete errores frecuentes al fijar tus precios como freelance

Todos los freelance que empiezan tienden a cometer los mismos errores a la hora de fijar los precios de sus servicios: copiar a la competencia, poner precios más bajos para ser más competitivos, aceptar rebajas en sus tarifas a las primeras de cambio… ¡Lo sé porque a mí también me ha pasado! Recuperarse de una mala estrategia de fijación de precios puede requerir años, durante los que estarás condenado a trabajar mucho y ganar poco. Pero si echas un vistazo a estos consejos, puedes evitar cometer los errores más comunes y fijar unos precios que hagan que tu trabajo salga a cuenta.

1. Fijar tus precios a partir de la competencia

En sectores como el comercio electrónico, es habitual fijarse en los precios de la competencia a la hora de decidir por cuánto vender un producto. Incluso hay herramientas de seguimiento de precios que permiten realizar comparativas muy detalladas en todo momento.

Esto es posible porque, cuando se trata de artículos físicos, existe un coste de fábrica que es común para todos los vendedores; aunque luego es posible jugar con el precio a base de reducir o aumentar el margen de beneficio para intentar vender más.

Sin embargo, en el mundo de los freelance, esta estrategia de fijación de precios no tiene sentido, porque el “precio de fábrica” varía en cada caso.

Por ejemplo, el tiempo y esfuerzo que te supone redactar un texto es siempre diferente al de tus competidores, porque entran en juego aspectos como la experiencia, los conocimientos, habilidades como redactor…

Por lo tanto, no vale basarte en los precios que cobran los demás: tienes que fijar tus propios precios en función de tu forma de trabajar.

2. Poner precios más bajos cuando empiezas

Otro peligro de fijarte únicamente en los precios de la competencia es que te lleva a cometer un error muy habitual, sobre todo cuando empiezas tu carrera.

Consiste en investigar los precios que cobran otros freelance ya establecidos y, automáticamente, fijar unos precios propios más bajos para ser más “competitivo” y así intentar captar los primeros clientes fácilmente.

Está claro que, por ejemplo, un copywriter que empieza no puede cobrar lo mismo que un copywriter con experiencia y prestigio en su campo.

Sin embargo, fijar automáticamente unas tarifas más bajas cuando empiezas no es una buena idea, especialmente si no tienes en cuenta tus costes.
Al final, trabajarás para ganar una miseria o, peor aún, perdiendo dinero.

3. No tener en cuenta los costes ocultos

Todos los que compramos habitualmente en Internet solemos recurrir al mismo truco: antes de comprar un producto, miramos si está más barato en Amazon, AliExpress o cualquier otro de los grandes marketplaces.

Pocas tiendas online pueden competir en precios con estos gigantes del e-commerce. Sin embargo, a la hora de realizar este seguimiento de precios en Amazon y otros marketplaces, conviene leer la letra pequeña… Me refiero a los gastos de envío, que en ocasiones llegan a ser mayores que el precio del producto en oferta y hacen que sea mejor comprar en otro sitio.

En los servicios de un freelance, también hay costes ocultos. Por ejemplo, la investigación previa a la redacción de un artículo para blog, la búsqueda de una imagen libre de derechos, la optimización SEO del contenido…

Si no tienes en cuenta esos costes ocultos al fijar tus precios, pronto descubrirás que estás vendiendo tu tiempo y esfuerzo muy por debajo de lo que vale.

4. Aceptar rebajas sin reducir servicios

Algunos clientes son verdaderos expertos en regatear el precio de los servicios de los freelance.

“Es que tengo poco presupuesto”, “Estamos empezando, luego podremos pagarte más”, “Si sale bien te pasaremos mucho trabajo”, etc. son los argumentos favoritos de este tipo de clientes.

La ansiedad por conseguir los primeros encargos, la falta de experiencia en defender tus precios o la perspectiva de fidelizar un cliente recurrente pueden hacerte rebajar tus pretensiones.

¡Pero cuidado! Si bajas el precio, también debes reducir las prestaciones del servicio que das al cliente.

Por ejemplo, para abaratar el precio puedes acordar reducir la extensión del texto, no incluir las etiquetas SEO o negociar un plazo de entrega mayor. Lo que no es de recibo es hacer el mismo trabajo por un precio “rebajado”.

5. Dar demasiados detalles en tu presupuesto

Es igual de contraproducente preparar presupuestos de trabajos freelance demasiado genéricos, como detallar excesivamente todo lo que incluyen. Un presupuesto genérico puede hacer que el cliente no entienda todo el trabajo que hay detrás del servicio que le ofreces; mientras que detallar en exceso las partidas del presupuesto abre la puerta a que te regateen en cada línea.

Por ejemplo:

  • “¿30 euros por buscar la información en Internet? Ya te paso unos links”.
  • “¿20 euros por investigar las palabras clave? Te las digo yo”
  • Etc.

La clave está en encontrar un equilibrio, dividiendo tu presupuesto en varias partidas que agrupen los diferentes servicios, pero sin detallar más.

6. Centrarte en servicios de poco valor añadido

En todos los ámbitos del mundo freelance, la competencia es muy dura. Sobre todo si te dedicas a lo mismo que la mayoría de gente: escribir artículos para blog, hacer traducciones generales, diseñar páginas web con WordPress… Sin embargo, cuando se trata de servicios más especializados, la oferta es mucho más reducida y eso permite fijar precios más altos.

Por ejemplo: ¿Cuántos redactores conoces con experiencia en planes de negocio? ¿O traductores especializados en lenguaje inclusivo? ¿Crees que resulta fácil encontrar diseñadores web que sepan de accesibilidad?

Sin dejar de lado los servicios más demandados, que no pueden faltar en tu oferta, piensa qué otros servicios especializados puedes proponer a tus clientes. Y fija unos precios acordes a esta mayor especialización, en base a tu formación, experiencia en un sector determinado o habilidades.

7. No ofrecer extras al servicio básico

Este es un truco que dominan los freelance que ofrecen sus servicios en plataformas como Fiverr, donde el precio es un factor fundamental para que los clientes se fijen en ti.

Lo que hacen estos profesionales es fijar un precio mínimo para un servicio básico, por ejemplo redactar un artículo para blog de 300 palabras por 15 euros. A continuación, añaden extras para intentar incrementar el valor contratado por el cliente.

Por ejemplo:

  • Ampliar la extensión a 500 palabras por 10 euros.
  • Incluir una imagen libre de derechos por 10 euros.
  • Subirlo al WordPress del cliente por 5 euros.
  • Etc.

Al final, el servicio que inicialmente costaba 15 euros acaba costando 40 euros, incluso más caro que los competidores que sí incluían todo esto en su precio inicial.

Pero el cliente ya ha elegido y queda muy satisfecho por haber encontrado el “mejor” precio del mercado, incluso con los extras…

Cuéntanos: ¿en qué te fijas para definir tus tarifas como freelance?

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