El lector siempre tiene razón: una aproximación a la lectura fácil

La cultura escrita ha llegado a todas partes. Escribimos más. Leemos más. Textos, documentos, artículos están más a la mano que nunca, a solo una búsqueda de distancia. Pero ¿quienes leen nos entienden realmente? Cuando redactamos textos, ¿pensamos en ellos? ¿Conocemos sus necesidades y, si las tienen, sus limitaciones? ¿Lo que queremos comunicar llega a todas las personas? La lectura fácil propone escribir pensando en quien va a leernos y es una buena fuente de trabajo para los redactores.

una aproximación a la lectura fácil

Necesitamos la redacción inclusiva porque seguimos respondiendo «no» a estas preguntas.

Redactar para incluir es mucho más que el tan debatido lenguaje inclusivo (que busca evitar el sexismo lingüístico). Es redactar textos alternativos para las imágenes, que las personas no videntes no pueden ver. Es incluir subtitulado en los videos para las personas sordas e hipoacúsicas. Es redactar sin expresiones racistas, sin angelizar a las personas con discapacidad, sin dar por sentado que una persona mayor necesariamente tiene nietos...

Generar textos accesibles y comprensibles es, a estas alturas, un deber profesional.

Por ello, agradezco a Roger García esta oportunidad de compartir lo que aprendí sobre lectura fácil, uno de los tantos caminos hacia la inclusión que editores, redactores y correctores podemos transitar.

Un poco de contexto


Guerra fría, psicodelia, minifaldas, The Beatles, movimiento hippie, Woodstock… Los años sesenta fueron revolucionarios en todo sentido y también lo fueron para el campo de la redacción. En esa década surgieron una teoría literaria y un método de escritura que pusieron, por primera vez, el foco en quien lee en lugar de en quien escribe o redacta. La teoría era la estética de la recepción y el método, la lectura fácil.

La estética de la recepción —que tuvo como exponentes a Hans Robert Jauss, Wolfgang Iser y Stanley Fish, entre otros— inició una línea de estudio que estuvo centrada, por primera vez, en la figura del lector y su relación con el texto, en cómo el lector construye sentido a partir del texto. Se dejó de concebir a quien lee como un sujeto pasivo y se empezó a analizar su actividad. El lector pasó de ser un mero destinatario a ser un activo participante de la lectura. Un verdadero giro copernicano.

Por eso no es casual que la lectura fácil (easy-to-read en inglés) haya surgido en los sesenta. En 1968, en Suecia, se publicó el primer libro en lectura fácil.

Qué es la lectura fácil


La lectura fácil es un método que propone la creación de textos como un proceso de al menos dos fases, que pueden repetirse tantas veces como sea necesario: composición y validación.

La primera fase es la composición del texto. Para componerlo, el método establece una serie de pautas:

  • Pautas sobre redacción: sintaxis de las oraciones (sujeto+verbo+complementos), elección de las palabras (cortas, sencillas, de uso frecuente) y cantidad de oraciones que debe haber por párrafo (una por párrafo), por ejemplo.
  • Pautas sobre diseño y maquetación: uso de imágenes, los colores y el contraste, el tamaño de la letra (entre 14 y 18 puntos) y la cantidad de fuentes que se pueden emplear en un texto (dos como máximo), entre otras cuestiones.

La validación es la segunda fase y está a cargo de lectores del público objetivo (migrantes, personas mayores, personas con discapacidad cognitiva…) que evalúan si el texto es, en efecto, comprensible. Esta segunda fase es ineludible.


¿A quiénes está destinada la lectura fácil?


La lectura fácil está destinada a personas cuya capacidad de comprensión lectora se encuentra limitada —en forma transitoria o permanente—.

Integran ese colectivo:
  • personas con discapacidad cognitiva,
  • personas con discapacidad auditiva que se inician en la lectoescritura,
  • personas con problemas de aprendizaje,
  • personas mayores con alteraciones propias del envejecimiento,
  • personas migrantes que no hablan el idioma del país donde residen.
Algunos autores creen que, además, podría beneficiar a niños y niñas en proceso de alfabetización.

Difícil o fácil, esa es la cuestión


¿Has contratado alguna vez un servicio de telefonía móvil sin leer el contrato? ¿Has leído tu historia clínica, escrita por tu médico? Y aquel texto sobre la filosofía que leíste en la universidad… ¿acaso no parecía escrito en un idioma desconocido? Todos hemos pasado por situaciones similares. Todos hemos sentido alguna vez que un texto nos expulsaba, nos vencía, no era para nosotros. Eso es lectura difícil, en términos generales.

Y esa lectura es todavía más difícil cuando hay una limitación de la persona, transitoria o permanente, en alguna de las competencias necesarias para comprender un texto. Por eso, la lectura fácil sirve de apoyo, de acompañamiento, de incentivo. Es una herramienta de comprensión lectora y de fomento de la lectura. 

La lectura fácil da trabajo


En 1964 (sí, en la década de los sesenta), Jorge Luis Borges escribió una frase memorable en el prólogo de uno de sus libros de poemas, El otro, el mismo. La frase circula desde entonces en talleres literarios y cursos de redacción. En mi opinión, Borges sintetizó la esencia de la lectura fácil, sin proponérselo:

«Es curiosa la suerte del escritor. Al principio es barroco, vanidosamente barroco, y al cabo de los años puede lograr, si son favorables los astros, no la sencillez, que no es nada, sino la modesta y secreta complejidad».

Borges tenía razón en más de un sentido. Escribir un texto fácil de leer da trabajo. Lleva años lograr esa madurez. Se han de tomar muchas decisiones complejas, se ha de evaluar con absoluta imparcialidad si el texto funciona o no para el público al que va dirigido y, finalmente, si el resultado no es el esperado, se ha de aceptar con modestia que hay que mejorarlo. Ciertamente escribir es una actividad trabajosa.

Pero, en un segundo sentido, Borges también tenía razón: la lectura fácil es una fuente de trabajo. Y los validadores son los primeros beneficiados: les permite entrar en el mercado laboral y, además, ser partícipes activos del proceso editorial para que los textos sean accesibles.

Por último, a los redactores también nos puede dar trabajo. La adaptación a lectura fácil es una tarea compleja, que requiere gran conocimiento del lenguaje, de la edición, de los mecanismos que hay detrás de la lectura, del público objetivo. Esa experticia enriquece el perfil de un redactor y lo diferencia de otros.

¿Por dónde empezar?


Si logré convencerlos de la valía de este método y les interesa entrar en el mundo de la lectura fácil, les recomiendo empezar por estas fuentes.


¿Conocían la lectura fácil? ¿Qué les ha parecido este método? Los leo en los comentarios.


Verónica Ruscio
Verónica Ruscio
Mi nombre es Verónica Ruscio y soy correctora literaria. Escribo, edito y corrijo principalmente textos digitales. En 2009, creé el blog Con Letra Clara, donde apunto mis hallazgos y reflexiones sobre la lengua española. Hace más de una década empecé a investigar sobre el sexismo en el lenguaje. Ese interés me llevó a estudiar el movimiento del lenguaje claro, la accesibilidad, la legibilidad y, por último, la lectura fácil.

CONVERSATION

6 comentarios:

  1. Muy interesante esta publicación pero en definitiva,es lo que se recomienda hacer en el mundo del copywriter,no?

    Gracias,un saludo.

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    1. Hola, José. Un gusto.

      Hay indicaciones que pueden coincidir, pero la lectura fácil va todavía más allá. En algunos casos, hay que desaprender lo aprendido en cuanto a redacción. Por ejemplo, en lectura fácil los párrafos tienen una sola oración. Y, en los cursos de redacción, ese tipo de escritura es desaconsejado: da la impresión de ideas sueltas, párrafos tan cortos parecen, en palabras de Daniel Cassany, «una lista desligada de ideas donde no pued[e] haber argumentos elaborados».

      Con respecto a los sujetos de las oraciones, en lectura fácil importa más que no se confundan unos con otros, que el lector tenga siempre claro de quién se habla y, por ello, no se condenan las repeticiones cuando en la redacción en general, sí. En muchos casos, se trata de ayudar a personas que pueden concentrarse por muy poco tiempo o que tienen problemas de memoria. Entonces mejor pecar de reiterativos para ayudarlas.

      Hay recomendaciones para lectura fácil que se pueden llevar a otros ámbitos y otras que no. Por eso antes de iniciar un proyecto de lectura fácil, es necesario identificar el público al que va destinado. Lo que puede ayudar a unos lectores puede no ser útil para otros.

      Saludos.

      Verónica

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    2. Buena pregunta. Yo creo que la lectura fácil es interesante como línea de servicio específica para determinados tipos de textos. Pero también contiene recomendaciones que podemos aplicar a los textos destinados al público en general. Estoy pensando por ejemplo en los Avisos Legales de las páginas web, que no hay quien los entienda.

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  2. La verdad es que me preocupa las repercusiones de este concepto en relación con Internet y la necesidad de escribir para gente que escanea con la vista y a la que tienes dos segundos para enganchar y 140 caracteres para explicar... Con la lectura fácil enfocada de esta manera no hubiera existido el Siglo de Oro Español ni James Joyce en la lengua inglesa, por citar algunos ejemplo. Yo opto porque cada quien escriba según su talento y su lector aparecerá si sus capacidades lo dejan...

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    1. ¡Hola! Gracias por leer.

      Comparto tu preocupación en términos generales.

      Sin embargo, la lectura fácil busca exactamente lo contrario: acercar los textos a lectores que, de otra manera, se sentirían excluidos. ¿Por qué una persona con algún problema de memoria (en una fase incipiente de Alzheimer) o con algún tipo de discapacidad cognitiva no puede disfrutar de la lectura? Con este apoyo, pueden hacerlo. Es más, son frecuentes los clubes de lectura que recurren a la lectura fácil.

      La lectura fácil es más importante aún porque les da a sus destinatarios acceso a información sobre sus derechos. En mi país (la Argentina), la Secretaría de Justicia y Derechos Humanos de la Nación creó una serie de cuadernillos con información sobre diferentes derechos en lectura fácil. De esta manera, por ejemplo, una mujer con síndrome de Down puede acceder a información clara y fácil de comprender sobre violencia de género. Y sin intermediarios. Otro caso: los inmigrantes que llegan al país y que no siempre hablan el español (una limitación transitoria) pueden conocer sus derechos fácilmente.

      La lectura fácil apunta a un colectivo determinado de personas. Lo que le sirve a unos puede no servirles a otros. Lo notable es que se está empezando a considerar como destinatarios de los textos a personas que antes eran excluidas directamente. Eso es inclusión.

      Saludos.

      Verónica

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  3. Verónica, hola:

    Me encantó tu artículo. Lo leí detenidamente como docente de lenguaje y como redactora. Me trae recuerdos de mis tiempos de universidad, cuando estudiaba la teoría de la recepción.
    Aplicado en ciertos contextos, tal como tú señalas, tiene mucho sentido lo de la lectura fácil.
    Saludos desde Viña del Mar, Chile

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Lo revisaré y publicaré lo antes posible.

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